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diumenge, 15 de gener de 2012

Unidos para la batalla: defendamos el sector público


      Durante mucho tiempo, demasiado, hemos estado en manos de políticos corruptos. Personas que han utilizado los recursos públicos en su propio beneficio, podemos ponerles nombre y apellidos, algunos los están juzgando, otros, los más listos, no.  Han utilizado su cargo para dar y recibir favores creando una red clientelar parecida al caciquismo de la Restauración. Consideran que los votos curan cualquier duda sobre su persona, porque el pueblo, en su infinita sabiduría les renueva o concede la mayoría absoluta.
      La corrupción ha ido de la mano de la megalomanía o provincianismo. Construyen en cualquier pueblo o ciudad infraestructuras inviables, polideportivos, aeropuertos, casas de la cultura, autovías, AVEs, etc. Están apoyados, eso sí, por ciudadanos que consideran que el sector público lo ha de aguantar todo; y que ellos, su pueblo o su ciudad, también tienen derecho a servicios que ya son inviables en cualquier gran capital.
      El modelo económico se basaba en la especulación pura y dura, construir más y mejor donde fuera, generando una inmensa deuda por parte de los particulares a los bancos. Lo curioso, es que el estado, cuando estalla la burbuja, se convierte en una especie de Robin Hood al revés: le roba a los pobres para dárselo a los ricos. La mayoría del ajuste cae en los trabajadores sin tocar las rentas de capital, mientras se sanean bancos con los impuestos de todos. Por supuesto, nada de asumir o exigir responsabilidades a los causantes de la crisis. Todo lo contrario, los que causaron la crisis dirigen no sólo la economía sino la política mundial, como demuestran los golpes de estado de Grecia e Italia.
      Nuestros gobernantes se comportan como unos estúpidos dogmáticos. Individuos que han puesto ideologías como que el sector público se ha de reducir al máximo por encima de todo. Han regalado empresas públicas y bancos (pagados en su día por los contribuyentes) al sector privado, han privatizado, a familiares y amigos muchas veces, servicios básicos. También piensan que la deuda pública se ha de reducir al máximo en periodos de crisis, después de gastar a manos llenas durante la época de bonanza, lo cual conlleva a una contracción de la economía de la que difícilmente se saldrá, y que cualquiera que haya leído algo sobre la crisis del 29 sabe.
      Cuando ha llegado la crisis han encontrado fórmulas para ahorrar. Lógicamente se han cebado con  un sector que en el imaginario colectivo ocupa el papel que antaño realizaban los judíos y a los que el populacho odia: los funcionarios. Durante el periodo de bonanza se nos subía el sueldo un 2% cuando la inflación era del 4. No dijimos nada, mientras el dinero corría unido al ladrillo, muchas veces negro y todo el mundo se lanzaba a especular o a vivir por encima de sus posibilidades.
    La administración de la Comunidad Valenciana es el paradigma de todo esto, ha sido corrupta, megalómana o provinciana, gastando a manos llenas, endeudándose en fastos y obras faraónicas de nula rentabilidad, pero que servían para presumir y delinquir. Llegado el momento de pagar han sido el sector público el rehén: la enseñanza pública y privada no cobra los gastos de mantenimiento, las listas de espera médicas  se alargan, los dependientes no cobran, por poner ejemplos. Mientras, continúan las obras faraónicas provocando situaciones dignas del mejor Berlanga, como el aeropuerto de Castellón o la Fórmula 1 Nadie ha dicho, porque no interesa, que España tiene el sector público con menor número de trabajadores de la Unión Europea.
     En realidad, estamos ante la última fase de privatización del sector público, la de la enseñanza, medicina o asistencia social, es el último reducto de negocio seguro para los amiguetes, en una espiral que nos puede llevar a la desaparición de la clase media, porque pagamos los impuestos, nos bajan los salarios y no recibimos  servicios. Nuestro modelo inmediato es la Argentina del corralito no la Alemania de Merkel. Mientras tanto, el pueblo encantado de que se putee a los funcionarios, sin darse cuenta que ellos serán los siguientes y que el futuro es el modelo de EE. UU, con todo privado y un sector de trabajadores pobres de solemnidad en medio de la abundancia de unos pocos.
     La fórmula para salir del bache es volver a los clásicos, algo que habíamos olvidado, porque un poco de bienestar  acaba provocando amnesia. Frente a un capitalismo unido y en muy pocas manos se ha de actuar de manera conjunta, sector a sector nos acabarán machacando a todos. Hemos de reaccionar juntos todos los funcionarios, junto con todos los trabajadores, porque somos las víctimas de este sistema, de esta crisis. También, a ser posible, nuestros sindicatos han de unirse a los de otros países y  buscar acciones conjuntas. Si no hacemos eso, seremos víctimas del asesino en serie que circula por la economía mundial,  uno a uno, día a día, y que se ríe de nosotros en Wall Street.

        Ángel Ruiz Díaz


    Director del IES. Clara Campoamor ( Alaquàs)

   

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